Paciencia

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Vivimos en un mundo donde la inmediatez y la ubicuidad son hechos tan cotidianos que ya nos hemos acostumbrado  a ellos.

Si ocurre algo o deseamos saber algo, podemos y queremos acceder a la información inmediatamente (inmediatez) y desde donde quiera que nos hallemos (ubicuidad).

Esto ha impregnado a la sociedad de un anticuerpo que ha neutralizado una capacidad maravillosa del ser humano: la paciencia.

Y podemos afirmar que uno de los mayores enemigos para la creación de una cultura de la innovación es la velocidad que se le exige a este proceso. Y, en consecuencia, la exigencia de inmediatez de los resultados de este proceso.

En los últimos 100 años, el único elemento que ha cambiado muy sustancialmente en nuestra sociedad es la velocidad. Y este es el mayor limitador para el cambio. No somos menos ni más innovadores que nuestros ancestros, pero somos infinitamente menos pacientes.

Los que me conocen saben que mi entorno ideal para la desconexión es la navegación a vela. Y de ella podemos obtener claros aprendizajes al respecto de la paciencia. Por ejemplo, cuando un velero está proa (parte delantera) al viento, las velas flamean como si fueran una bandera. Y por tanto no navega ni un ápice (al menos hacia delante). Cuando deseamos salir de esta situación hemos de virar (girar) hacia uno de los lados, para que las velas se hinchen y nos propulsen. Para ello ajustamos la velas para que dejen de flamear y poco a poco vayan capturando algo de viento para que nos mueva hacia el lado para el que las hemos ajustado.

Los que navegamos a vela sabemos perfectamente que los primeros 5 grados de virada nos costarán algunos minutos.  Que los siguientes 5 grados igual nos cuestan algún minuto. Y que los siguientes 5 grados, menos de un minuto. El resto de la virada es casi un tema inmediato.

Si nuestro rumbo empresarial está proa al viento y deseamos variarlo debemos tomar las medidas correctas. Emprender las acciones necesarias y sobre todo… tener paciencia.

Si no la tenemos, o no la podemos tener, siempre nos quedará el “poner el motor” en el velero para hacer la virada inmediatamente. Poner el motor en el velero podría equivaler en el mundo de la empresa a: inyectar capital para acelerar el proceso, vender la empresa, fusionarla…

Como siempre, el qué hacer en cada caso es nuestra elección como directivos.

Fran Chuán

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