News Abril – Liderando la revolución · Gary Hamel

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Sillón_lectura_abrilGary Hamel apareció en nuestras vidas con este libro allá por el año 2000, y marcó claramente una inflexión en el modo de entender el mundo de la empresa, el mundo del liderazgo y, sobre todo, el de la innovación. No nos cansamos de leerlo, pues en cada nueva lectura encontramos mensajes que no habíamos detectado anteriormente.

Permitidnos que compartamos algunos mensajes a tener en cuenta:

  • “…mucha gente lee la Harvard Business Review, pero, ¿hacen algo como consecuencia de ello?” Eso mismo nos preguntamos todos en nuestro día a día, ¿no creéis? Oímos constantemente los mantras de moda, pero tenemos la impresión de que se habla más que se hace.
  • El autor hace referencia a la fama de Silicon Valley como entorno de innovación. Acerca de Silicon Valley reflexiona “…la verdadera historia de Silicon Valley no es ‘e’, sino ‘i’: no es comercio electrónico, sino innovación e imaginación”. ¡No está mal!, ¿verdad? Y desde nuestra experiencia profesional lo suscribimos plenamente.
  • Otra perla del autor es que “…una empresa que no evolucione lentamente ya está de camino hacia su extinción.”
  • Tampoco duda al afirmar “…la estrategia tiene de todo menos sencillez, cuando el objetivo es ser el agente de la transformación…”
  • Y como cierre, “…los directores de I+D tendrán (en nuestra opinión, tienen) que convertirse en directores de imaginación”.

Como ves, Gary Hamel habla directo y claro. Y, a pesar del tiempo transcurrido, el libro es todavía hoy un libro muy actual. Feliz lectura y feliz imaginación.

Así comienza…

“LA ERA DEL PROGRESO YA HA TERMINADO. Nació en el Renacimiento, alcanzó su adolescencia exuberante durante la Ilustración, logró una robusta madurez en la época industrial y murió al amanecer el siglo XXI. Durante incontables milenios no hubo progreso, tan sólo ciclos. Las estaciones llegaron y se marcharon. La vida no se hacía mejor, simplemente se repetía según un patrón eternamente familiar. No había futuro, pues el futuro era indistinguible del pasado.

Llegó entonces la inquebrantable creencia de que el progreso no sólo era posible, sino inevitable. Las vidas se alargarían. Las comodidades materiales se multiplicarían. El conocimiento crecería. No había nada que no pudiese ser mejorado. La disciplina de la razón y las rutinas deductivas de la ciencia se podían aplicar a cualquier problema, desde el diseño de la unión política más perfecta hasta la descomposición del átomo y la producción de superconductores de complejidad abrumadora y calidad infalible.”


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